Día 2. ACEPTACIÓN

10.10.2017

Aceptar lo que es y replantearnos la validez de lo que sabemos, interpretamos o conocemos, requiere abrir la mente y enfrentar el miedo a no tener el control sobre la razón absoluta.
Crecemos con la convicción de que lo que es normal para mí es naturalmente normal para todos, que resignarnos tiene el mismo valor que aceptar nuestro destino sin resistencia.
Nada más lejano a la realidad... lo que es normal no siempre, ni para todos, es natural. Lo natural es lo que surge sin condicionamientos racionales, lo normal es lo que a base de repeticiones dejamos de cuestionar, integrándolo a nuestra definición personal.
Resignarnos a la forma en que la vida se nos presenta es asumirse víctima de la situación, nos lleva a la renuncia de autonomía y aspiración al cambio. Aceptar, contrariamente a la resignación, va más allá de un gesto de valor y honestidad, implica observar la vida sin juicio, comprender que lo que me agrada o me molesta, es la conclusión que me lleva ciegamente a creer en el bien y el mal, lo correcto o incorrecto; cuando aceptó sin juicio, puedo ver que lo que rechazo es mi creencia sobre lo que es, y no la experiencia misma.

Aceptar significa abrazar mis emociones, por el simple hecho de que son mías, defender mis pensamientos porque son el resultado de la vida que conozco, y lo más importante aceptar es hacer una honesta invitación a una nueva y mejor forma de pararse en la vida, tomando como referencia mi visión clara de lo que puedo aspirar cuando genero un cambio personal. Nadie cambia si no encuentra un beneficio en el cambio.

Aceptar aligera la carga del deber ser y ayuda a concebir un nuevo punto de partida desde el punto donde estoy, sin pretensiones ni manipulación, solo yo, mi realidad y mis mejores intenciones de hacer lo mejor que pueda.
En este momento los recursos que conozco son los que puedo manejar, conocer mi historia, el entorno en el que crecí, mi condición en el momento de tomar decisiones, me impulsa a comprender que nada pudo ser diferente, todo es una consecución lógica y sistemática de lo que fue y de lo que es. Cuando aceptamos lo que es y lo que hay, y dejamos a un lado lo que nos gustaría que fuera y hubiera, puedo generar el cambio que necesito o en el mejor de los casos continuar en mi buen camino, si lo que encuentro me complace. Si te gusta mantenlo, si no, cámbialo, si no te agrada y lo mantienes, acepta que solo tú eres responsable de tu condición actual.

Aceptar que tengo posibilidades ilimitadas e inexploradas, me abre con gratitud mi potencial interior, mi responsabilidad me da poder. Aceptar lo que es, es el primer paso en la ruta correcta, la medida exacta y la calibración precisa, es vivir sin resistencia ni autoengaño, es decir sí porque he renunciado al ego.

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